Ese Pequeño Miedo A Volar
Que quede claro, no te ayudaré a volar!
Salí de casa a las seis de la mañana, con nada más que una guitarra (prestada), una libreta (vieja) y un disco de un taller de guitarra clásica (prestado también). Llevo, por una gripe severa (que me hace pensar en cómo me hubiera visto el mundo unas semanas antes, en el apogeo de la moda de la influenza) un dolor de cabeza desde hace un par de días que me hace bajar el volumen del ipod, mientras escucho atento las nuevas frases del 41100 rock, el nuevo material de juaninacka. Me siento mal. Me siento grande. Las miradas aún atentas que siguen a un tipo desaliñado con una guitarra al hombro, audífonos, y la mirada perdida que denota indiferencia ante el mundo (sí, buscando un poco el estereotipo de falso profeta moderno) me hacen caminar aún más erguido, y con la mirada aún más perdida.
Soy el más viejo de mi clase de guitarra, que no el más diestro. Soy el menos bien parecido en las bandas en las que he mal figurado. Y desde luego no el más sabio en la atmósfera de la que yo mismo me rodeo. Qué me hace entonces, llegar a casa y escribir con la autoridad de alguien "especial"? Que los más jóvenes de mi clase de guitarra pasarán, al menos, tres años de su vida siguiendo a tipos falsos (como yo) que con la facha de falso profeta caminan con indiferencia con una guitarra al hombro. Que los bien parecidos de mis bandas ven a la música como una puta, un orgasmo del momento cada noche que se sienten con ganas de visitar, cada que dicen: "Me nace tocar", van, tocan, se arreglan la ropa y se van. Ni las gracias le dan. Y que los sabios que me rodean ya no ven con indiferencia al mundo, más bien con asco, y con razón, son claramente superiores, así que, para qué preocuparse por cualquier humano enclenque?
Claramente al menos uno de mis cuatro lectores llegará a estar en un libro, en la historia, en la memoria del futuro, no se ofenda el resto, o sí, no les importa mucho cierto? La diferencia no radica en los que ya se encuentran arriba mirando hacia abajo con desdén, o los que están debajo, maldiciendo su "suerte" y, desde luego, mirando hacia arriba con desdén. Los de en medio no merecen ni mención... aunque realmente no importa, afortunadamente no hay de esos entre mis cuatro lectores. Cuál es la diferencia entre los seres si no es entonces su relación al suelo/cielo? que no se mueven.
Nos desplazamos. Todos, en líneas, por fuerza, por lógica, el planeta se mueve, el universo se expande, nuestro universo interior constantemente bombea vida, somos movidos, que no nos movemos. En estos días, por ejemplo, ya nadie quiere volar.
Por eso el guitarrista que logra sacar un solo que impresiona lleva marcas en los dedos, lo saca, y no avanza más. Por eso el que encuentra su contraparte/complemento siente bienestar en lo tibio de unos brazos y se estanca, estancando a ambos, sin descubrir la verdadera implosión de dos, que realmente no he visto en mucho, muucho tiempo. Por eso el pensador obtiene una idea, y se la guarda en silencio, por eso nadie vuela.
Qué bien sería, qué bien estaría, ser el único zapatero del pueblo, tener el monopolio de la madera (sí, así de rápido incluímos al capitalismo en nuestro ejemplo) y que nadie más supiera cómo hacer zapatos, pero de repente hay más gente, más gente, por ende más pies, por ende más zapateros. Ya nadie busca ser el mejor zapatero, uno se siente seguro sobre un par de zapatos. Seguro sobre el suelo.
Está cabrón, en un país subdesarrollado y con explosión demográfica, dejar de ser uno más, yo pienso todo eso mientras me lo callo, como un ente más en el camión que lleva, al menos hoy, unas 42 personas más, entre una calle que lleva, al menos, unos 8 camiones así, en una colonia que tiene, unas 4 calles así, en un ciudad que tiene crecientes colonias, en un país con más colonias, en un mundo con más países resultado de divisiones para "distribuir" la población. Pero, no está más cabrón plantarse sobre un par de zapatos y seguir desplazándose? Mientras, mi estimado lector, estas palabras sigues, has pasado no sé, 8 minutos? Pues son 8 minutos menos de vida, más cerquita de ese paso que, aceptémoslo, NADIE sabe de qué se trata y menos qué viene luego. 8 minutos de desplazarse sin moverse, de vivir sin volar.
Es un pánico tan aterrador, tan pero tan fuerte, que te deja como peor puede dejarte: igual, sin moverte, desplazándote, por eso ninguna persona ha podido hacerte volar. Y eso, lamentablemente amigo lector, sí te aplica, porque quien ha volado no pierde el tiempo en pararse a leer/escribir/pensar siquiera esto, sólo vuela, sobre los millones que nos desplazamos sobre zapatos iguales, pero personalizados.
Dije que quedara claro, no te iba a enseñar a volar, desde luego menos impulsarte a hacerlo, cómo carajos hacerlos si no sabes, ah verdad? Pero es esto una buena manera de pasar el tiempo mientras nos desplazamos. Mientras se pasa la vida. Mientras bajo del camión, aún más erguido, con la mirada más perdida.
