El Mundo Es Redondo
He tenido la gracia de volver a reencontrarme con viejos amigos del Seminario, desde mayo he experimentado la alegría de un saludo después de un tiempo sin verles. Mayo es, por cierto, el Mes Mariano, lo que me hace pensar que no es una casualidad. Nada realmente lo es.
Uno de ellos, a quien sólo llamaré El Paisa, me escribía hace poco con algo de extrañeza. No en él, que en sus letras. Pero reflexionando un poco, me parece atinado suponer que todos los que hemos compartido aquel presente (pues me cuesta, aún para su comprensión onomatopéyica) del semillero vocacional, hemos quedado marcados para proseguir nuestros caminos por el mundo.
No es, ni por cerca, una especia de mal sortilegio que nos persiga con peso inherente a nuestra humanidad, más bien es como una especia de campo de energía que nos rodea, que nos mantiene cerca, aunque estemos lejos, de la esfera aquella que nos formó, más allá de los límites físicos, en la fe y en la fuerza verdaderas.
Alguna vez platicaba, cerca de mi salida, con otro invaluable amigo, que también estaba por dejar aquella institución espiritual, me confesaba lo que su director espiritual le había indicado: "Si tu camino termina aquí, no importa cuán lejos te vayas, cada cosa que hagas, te acercará de vuelta a este lugar". Aquella ocasión, me continuaba indicando, lo había sentido como una especie de amenza, valga la expresión: de maldición. Pero realmente es una bendición, no se trata sobre la predestinación como San Agustín llegó a plantearlo, es sobre el destino, lo que debemos hacer, lo que venimos a hacer.
Así, resulta que cada evento, cada palabra, cada suceso cotidiano no hace sino retornarnos a donde pertenecemos. Y si no llegamos a donde queremos, es porque no pertenecemos a ese lugar. Podemos correr, pero tarde o temprano llegaremos a donde debemos. Después de Todo, el mundo es redondo.

Currently have 0 Susurros: